BOLIVIA, BOLIVIA, BOLIVIA. 11 meses que son 33; 8 ministros menos y una calculadora que se hunde en el barco de La Patria, La Patria, La Patria.

BOLIVIA, BOLIVIA, BOLIVIA. 11 meses que son 33; 8 ministros menos y una calculadora que se hunde en el barco de La Patria, La Patria, La Patria.

Parece una canción que se podría entonar a coro en algún acto cívico, pero la realidad es un poco mas cruda.

Rodrigo Paz nos presentó una novedosa calculadora presidencial, un día equivale a tres, por lo tanto, once meses de Gobierno equivalen a treinta y tres. Con esa matemática, Un referéndum revocatorio ya podría ser posible, aunque la calculadora de la Constitución política todavía no permita activarlo.

La ley establece plazos y requisitos concretos; no se puede adelantar un mandato multiplicando los días por tres. Pero la política actual tiene su propio calendario, y cuando el vicepresidente afirma que el barco se está hundiendo, conviene dejar de farsear la calculadora y empezar a revisar las goteras del barco. Porque esa frase no la pronunció un opositor cualquiera: la pronunció Edmand Lara, el hombre que llegó al poder en el mismo binomio presidencial y que ahora dice arrepentirse de haber pedido el voto por Paz. ¡Una amarga luna de miel que duró menos que un pedo en el agua!…

Si el Presidente necesita convencernos de que trabaja tres veces más rápido, quizá debería empezar por explicar por qué su propio vicepresidente parece estar buscando salvavidas para no hundirse en el barco llamado gobierno?.

Por otro lado,a la calculadora del gabinete presidencial solo le funciona la resta . De los 14 ministros posesionados inicialmente, solo seis permanecían en sus cargos a mediados de septiembre. Ocho salidas en menos de once meses (o treinta y tres, según la calculadora)… renuncias.

En agosto, la prensa ya contabilizaba diez ministros apartados del equipo original, en un Ejecutivo que había cambiado varias veces la estructura de sus carteras. Eso no es necesariamente una prueba automática de incompetencia, pero sí plantea una pregunta incómoda: ¿estamos ante un Gobierno que corrige sus errores o ante un Presidente que cambia las piezas porque todavía no encuentra quién sepa jugar la partida?….Mientras tanto, Bolivia soportó 53 días de movilizaciones y bloqueos, el conflicto por la gasolina de mala calidad, reclamos por miles de vehículos dañados, lo que evidencia una crisis de confianza que no se arregla con conferencias de prensa ni con historias de ponerle el pecho a la bala. El problema ya no es solamente económico: es de conducción política.

Después están las contradicciones, los escándalos, las novelas y las preguntas que siguen esperando respuestas. En campaña se prometió no eliminar del todo la subvención a los combustibles; pero estando en el gobierno se logró su eliminación. Puede haber razones económicas para cambiar una política, pero la gente merece explicaciones antes de recibir la factura. El caso de Fernando Cerimedo, ex asesor vinculado al entorno presidencial, también levantó y sigue levantando cuestionamientos sobre sus relaciones e influencias; el vicepresidente llegó a denunciar presuntas intervenciones ante mandos policiales. Son acusaciones que deben investigarse y probarse, no condenas que puedan darse por sentadas. Precisamente por eso, la obligación del Gobierno es despejar las dudas, garantizar investigaciones independientes y evitar que el silencio o las explicaciones incompletas alimenten la ya muy saludable y gorda sospecha de encubrimiento…Y cuando aparecen denuncias de injerencia extranjera, corresponde distinguir entre hechos comprobados, acusaciones políticas e intereses externos: la soberanía nacional no puede utilizarse como eslogan para tapar preguntas incómodas, ni las relaciones internacionales convertirse en un cheque en blanco para actores que nadie eligió…acaso no esta claro que necesitamos acciones y resultados capaces de devolverle confianza a la población? No basta con cambiar ministros, anunciar reformas y pedir sacrificios mientras el ciudadano paga los costos y observa cómo se desgasta el propio binomio presidencial. Existe un exceso de demagogia al prometer cosas que de manera muy rápida son desmentidas por la misma realidad. El verdadero liderazgo consiste en reconocer los errores antes de que la realidad los convierta en una crisis mayor.

Once meses reales, treinta y tres imaginarios y demasiadas preguntas sin respuesta. El Gobierno todavía tiene tiempo constitucional para corregir el rumbo de la patria, la patria, la patria, pero no puede exigir paciencia infinita ni subestimar la inteligencia de la gente, la gente la gente. Multiplicar los días es fácil, Presidente. Lo difícil es multiplicar los resultados sin dividir al país, al gabinete y hasta a su propia fórmula electoral.

Y si de verdad cada día suyo vale por tres, me permito darle una humilde sugerencia: no desperdicie el tiempo explicándonos cómo funciona su calculadora,. Empiece a demostrar que sabe gobernar gobernar gobernar.