El mundo protesta, los políticos se justifican y hasta las cruces parecen haber perdido la paciencia.
Algo grande está pasando en el mundo. En España, trabajar ya no es garantía de poder pagar el alquiler de tu casa, mucho menos comprarla. En Francia, las carencias educativas desatan gigantes y vistosas protestas. En Bélgica, los estudiantes se enojaron por los recortes y la existencia de mayores barreras para continuar sus estudios. En Alemania, un montón de jóvenes molestos y asustados protestan contra los planes de un servicio militar obligatorio. En Albania, la corrupción ha sido suficiente motivo para que la gente salga a las calles. Y en Estados Unidos, el movimiento No Kings cuestiona el desmedido abuso del poder por parte del ya internacionalmente abusador de Donald Trump.
Son distintos países, distintas causas. Distintas molestias, pero un elemento en común… la gente se cansó y cada vez se cuestiona más y más el hecho de haber cumplido con todo lo que sus gobiernos les han pedido, pero la vida y ese futuro próspero y estable nunca llega.
La receta era sencilla: estudiá, trabajá, esforzate y tendrás un futuro prospero… pero nadie aclaró que ibas a terminar con un título universitario y sin dinero para poder pagar tu alquiler… tampoco aclararon que ibas trabajar todo el mes pero igual terminarías haciendo cuentas mentales, y revisándote los bolsillos en el mercado para ver si te alcanza, o en el mejor de los casos, quizás descubrir que tu mayor aspiración adulta iba a ser llegar al ultimo día del mes sin pedir plata prestada.
Pero mientras tanto, los gobiernos hablan de sacrificios y los más ricos siguen acumulando fortunas. El sistema funciona, por supuesto. Solo hay que averiguar para quién. Cuestión de perspectivas.
En Bolivia existen los milagros, a veces la gente llega hasta fin de mes… el gobierno no necesita quitarle impuesto a las importaciones de los descontentos internacionales, tenemos gran variedad de ellos, incluso para exportar… somos productores de descontentos, para todo gusto, todo bolsillo, sin distinción de clases, etnias ni pluriculturalidades… de hecho, nuestros descontentos no necesitan versiones subtituladas, tenemos harta producción nacional… La escasez de combustible, el alza de precios de combustible (nótese el doble descontento en una sola categoría) el encarecimiento de los alimentos y la perdida de poder adquisitivo, sumado a que la plata cada vez vale menos… estos y otros descontentos han convertido la crisis económica en una experiencia cotidiana para los ciudadanos.
Cuando falta combustible, producir y transportar cuesta más. Cuando suben los precios, el salario compra menos. Y cuando el ciudadano reclama, comienza el gran campeonato político de buscar culpables: el anterior, el próximo, el contexto internacional, la especulación o cualquier sospechoso que no esté sentado en alguna silla asignada por el poder.
Y mientras este campeonato que se transmite a diario en todas las plataformas, sin cortes comerciales, con opciones multi ángulo y hasta con bots, para que no te pierdas ni un detalle, el ciudadano tiene una preocupación mucho más urgente: pagar sus cuentas.
En Chile, el debate sobre los recursos educativos también ha provocado movilizaciones. En Bolivia, la educación, el empleo y el costo de vida forman parte de una preocupación más amplia: qué oportunidades tendrá la siguiente generación en un país donde sobrevivir económicamente exige cada vez más esfuerzo.
A ambos lados de la cordillera, el futuro sigue siendo una promesa electoral. La diferencia es que cada vez más gente quiere ver la factura antes de volver a comprarlo.
Y entonces aparece Ecuador, el lugar elegido por Dios, para manifestar su propio descontento, aportando una escena que ni el humorista más irreverente se habría atrevido a escribir.
El 17 de octubre, un sacerdote murió en Guayaquil cuando una gran cruz cayó sobre él mientras celebraba misa. Días después circuló otro video en el que un sacerdote aparentemente sobrevivía a un accidente similar, aunque las circunstancias de este segundo caso no están verificadas de forma independiente.
No hay pruebas concluyentes de que Dios esté enviando mensajes mediante accidentes estructurales. La explicación hay que buscarla en el mundo terrenal, donde las estructuras deben estar bien instaladas y la seguridad no puede depender de la fe… la ironía es inevitable… una cruz cae y mata a un sacerdote; otra cae sobre otro sacerdote y, aparentemente, no consigue lo mismo.
¿Está Dios perdiendo la paciencia con la humanidad? ¿Está intentando decirnos algo? ¿O simplemente estamos tan mal que hasta los acontecimientos más absurdos parecen una metáfora de nuestra propia incompetencia?
NOTA: esto no es una revelación divina. Es humor negro ante una coincidencia brutal, en medio de una serie de descontentos encadenados y sucediendo de manera simultanea.
El Cielo no tiene la culpa, no hace falta invocar el Apocalipsis para entender lo que sucede. Cuando jóvenes de distintos países protestan porque no pueden construir una vida digna, cuando los estudiantes temen perder oportunidades y cuando la población pierde la confianza en sus gobernantes, el problema no está en el cielo, está aquí abajo, entre nosotros, los que ejercemos el derecho al voto, en nuestra inocencia para seguir apostando por lo mismo.
Quizá Dios no esté harto de la humanidad. Pero, si alguien desde las alturas estuviera evaluando nuestra capacidad para organizarnos, probablemente tendría muchas observaciones.
Somos capaces de enviar cohetes al espacio, buscar vida en otros planetas,desarrollar inteligencia artificial y producir fortunas inimaginables. Sin embargo, seguimos sin resolver de manera satisfactoria problemas tan básicos como la vivienda, la educación, el empleo y la corrupción.
Y nuestros políticos siguen prometiendo milagros. Antes de las elecciones, el cielo es el límite. Después, resulta que no hay presupuesto, que heredaron una catástrofe o que necesitamos otros cinco años de paciencia.
Tal vez el verdadero milagro sería que un gobierno dejara de pedir sacrificios a la gente y empezara a demostrar resultados.
Porque las calles ya están hablando. Y si las cruces empiezan a caerse, al menos deberíamos reflexionar y hacer un replanteo en nuestras elecciones y preferencias.

